Es una pregunta razonable, pero la respuesta no cabe en un “sí” o un “no” universal. Se han detectado microplásticos tanto en agua embotellada como en agua del grifo, y distintos estudios han encontrado diferencias entre unas muestras y otras. El problema es que esas cifras dependen mucho del envase, el origen del agua, el tratamiento y, sobre todo, del método utilizado para medir partículas. Por eso no es científicamente sólido concluir que cualquier botella contiene más microplásticos que cualquier agua de red.
En resumen
- Se han detectado microplásticos en agua embotellada y agua del grifo.
- El envase y el tapón pueden contribuir a las partículas encontradas en una botella.
- El agua de red también puede contener partículas procedentes del agua de origen o de otras etapas.
- Diferentes métodos pueden producir cifras muy distintas.
- Elegir entre grifo y botella no debería basarse únicamente en un titular sobre microplásticos.
- Desde el punto de vista ambiental, el envase y el transporte son factores adicionales que conviene considerar.
¿De dónde pueden salir los microplásticos del agua embotellada?
Una botella es un sistema formado por varios elementos: el propio agua, el recipiente, el tapón y el proceso de llenado. Las partículas detectadas pueden proceder del agua antes de embotellarse, de materiales utilizados durante el proceso o del contacto con botella y tapón.
Abrir y cerrar repetidamente un tapón genera fricción. El transporte y manipulación también producen contacto mecánico. El material del envase puede influir, pero no es correcto asumir que toda partícula proviene de la pared de la botella. Para saberlo hace falta identificar químicamente los polímeros y compararlos con los materiales del envase.
¿Y en el agua del grifo?
El agua de red procede de fuentes superficiales o subterráneas y pasa por diferentes tratamientos antes de llegar al consumidor. Las plantas de tratamiento pueden retirar una parte importante de las partículas. Sin embargo, la eficiencia depende del tamaño, la forma y el proceso.
El agua atraviesa después depósitos y tuberías. Por tanto, el sistema es diferente al agua embotellada, pero tampoco puede considerarse automáticamente libre de microplásticos.

¿Por qué algunos estudios encuentran más en botellas?
Hay varias explicaciones posibles. Una es que botella y tapón pueden añadir partículas. Otra es que determinados estudios de agua embotellada emplean técnicas capaces de detectar fracciones de tamaño muy pequeñas. Cuando se baja el umbral de detección, el número de partículas aumenta de forma muy importante. También influyen el tipo de botella, número de aperturas, almacenamiento y metodología. Por eso un resultado obtenido con una técnica avanzada no debe compararse directamente con un estudio de agua del grifo que únicamente haya medido partículas mucho mayores.
El error de comparar cifras sin mirar el tamaño
Imagine dos estudios. El primero analiza agua del grifo y cuenta partículas mayores de 100 micras. El segundo analiza agua embotellada y detecta partículas mucho menores. Si el segundo encuentra muchas más partículas, no podemos concluir automáticamente que la botella sea la causa de toda la diferencia.
Puede haber una diferencia real, pero también una diferencia metodológica.
La pregunta correcta es: ¿qué ocurre cuando analizamos ambas aguas con exactamente el mismo método, en condiciones comparables y con suficientes muestras?
Esa es la comparación que tiene mayor valor.
¿Plástico, vidrio o cartón?
El tipo de envase puede modificar las posibles fuentes de partículas, pero no existe un recipiente que deba considerarse automáticamente “cero microplásticos”. Una botella de vidrio puede utilizar un tapón con componentes plásticos o poliméricos. Los procesos industriales también incluyen tuberías, juntas y equipos. Además, elegir envase únicamente por microplásticos deja fuera otras dimensiones ambientales: peso, transporte, energía de fabricación, reutilización y reciclaje. Por eso una comparación ambiental completa debe considerar el ciclo de vida y no solo un contaminante.

¿El calor y el almacenamiento importan?
Las condiciones de almacenamiento pueden influir en los materiales de un envase. Temperaturas elevadas, exposición solar prolongada y desgaste pueden favorecer cambios físicos en determinados plásticos. Esto no significa que una botella dejada al sol se convierta automáticamente en un riesgo sanitario, pero sí refuerza una recomendación básica: respetar las condiciones de almacenamiento indicadas por el fabricante y evitar usos para los que el envase no está diseñado.
Reutilizar repetidamente botellas desechables también puede aumentar desgaste físico.
¿Los nanoplásticos cambian la comparación?
Sí, porque son mucho más difíciles de medir. Cuando un estudio utiliza tecnología capaz de detectar partículas en la escala nanométrica, puede obtener recuentos mucho mayores. EFSA señala que los datos sobre nanoplásticos siguen siendo especialmente escasos. Por eso las comparaciones entre estudios deben indicar claramente qué tamaños incluyen.
Decir simplemente “X partículas por litro” sin esa información es insuficiente.
¿Qué sabemos sobre el riesgo para la salud?
Sabemos que existe exposición a microplásticos y que agua y alimentos pueden contribuir a ella. Lo que todavía no tenemos es una evaluación europea completa que permita convertir una concentración concreta en agua en un riesgo sanitario individual. EFSA está preparando una nueva opinión científica sobre microplásticos en alimentos, agua y aire que prevé finalizar a finales de 2027.
La OMS también ha revisado la evidencia de agua potable y ha destacado la necesidad de mejores datos y métodos. Esto significa que presencia y riesgo deben comunicarse por separado.
¿Tiene sentido cambiarse a agua embotellada para evitar microplásticos?
No existe una base sólida para recomendar de forma general agua embotellada como método para reducir la exposición a microplásticos. Tampoco puede garantizarse que el agua del grifo tenga siempre menos partículas. La calidad del agua de red depende de la localidad, y la del agua embotellada depende del producto y del proceso.
En lugares donde el agua del grifo cumple los requisitos sanitarios, la decisión entre grifo y botella puede incluir sabor, mineralización, disponibilidad, comodidad, coste e impacto ambiental, además de la cuestión de microplásticos.
¿Y usar un filtro doméstico?
Algunos sistemas de filtración pueden reducir partículas, pero su eficacia depende de la tecnología y el rango de tamaños. Un filtro con una determinada capacidad nominal puede retener partículas grandes y dejar pasar otras menores. Los sistemas de membrana fina pueden alcanzar tamaños inferiores, aunque también implican mantenimiento, coste y generación de residuos.
Antes de comprar un sistema por este motivo, conviene exigir datos específicos de ensayo.
Qué aporta la nueva metodología europea
La metodología armonizada desarrollada para agua potable en la UE es especialmente importante para esta discusión. Permite avanzar hacia comparaciones más justas entre muestras y territorios.
Con métodos comunes será más fácil responder en el futuro a preguntas como:
¿Qué concentraciones aparecen habitualmente en redes europeas?
¿Qué tamaños predominan?
¿Qué polímeros son más frecuentes?
¿Qué parte elimina cada tratamiento?
¿Dónde se producen las principales diferencias?
Sin datos comparables, las conclusiones globales siguen siendo frágiles.
Cómo interpretar un estudio que compara botella y grifo
Comprueba:
¿Analizó ambos tipos de agua con el mismo método?
¿Cuál fue el tamaño mínimo detectable?
¿Cuántas marcas y redes de agua incluyó?
¿Se analizaron botellas sin abrir y después de varias aperturas?
¿Se identificó el polímero de las partículas?
¿Se estudió el tapón?
¿Los resultados se expresan en partículas o masa?
¿El trabajo permite generalizar o solo describe esas muestras?
Una comparación sólida debe controlar estas variables.
Preguntas frecuentes
¿Las botellas de PET liberan microplásticos?
Pueden existir partículas relacionadas con materiales del envase, pero su cantidad depende de múltiples factores y debe demostrarse mediante análisis.
¿Las botellas de vidrio están libres de partículas plásticas?
No necesariamente. Tapones, revestimientos y procesos pueden introducir materiales poliméricos.
¿El agua del grifo siempre es mejor?
No se puede responder solo desde la perspectiva de microplásticos. La calidad debe evaluarse localmente y conforme a parámetros sanitarios oficiales.
¿La botella reutilizable es mejor?
Puede reducir residuos de envases de un solo uso, pero debe mantenerse y utilizarse según el material y diseño.
¿Existe una cifra europea definitiva?
Todavía no. La armonización metodológica ayudará a generar datos más comparables.

Conclusión
No hay una respuesta universal a la pregunta de si el agua embotellada contiene más microplásticos que el agua del grifo. En algunas comparaciones pueden encontrarse más partículas en determinadas botellas, y el envase puede contribuir. Pero la magnitud depende enormemente de qué tamaños se analicen y cómo.
La recomendación más sensata es evitar conclusiones absolutas, utilizar datos comparables y evaluar el agua dentro de un contexto más amplio de calidad sanitaria y ambiental.
Fuentes y referencias
EFSA — Microplastics and nanoplastics in food
https://www.efsa.europa.eu/en/topics/microplastics-and-nanoplastics-food
OMS — Microplastics in drinking-water
https://www.who.int/publications/i/item/9789241516198
Joint Research Centre — New methodology to measure microplastics in EU drinking water
Comisión Europea — Drinking Water
https://environment.ec.europa.eu/topics/water/drinking-water_en


