En los últimos años se han publicado estudios que han comunicado microplásticos o partículas plásticas en distintas muestras humanas: sangre, pulmones, placenta, heces y otros tejidos. Estos hallazgos han despertado una enorme atención, pero también han generado titulares que a veces van más lejos de lo que permiten los datos.
La idea más importante es sencilla: detectar una partícula en una muestra humana demuestra presencia bajo las condiciones de ese estudio. No demuestra, por sí sola, que la partícula haya causado una enfermedad ni permite calcular automáticamente un riesgo para la población.
En resumen
- Se han publicado detecciones de partículas plásticas en diferentes muestras humanas.
- La contaminación durante el muestreo y el laboratorio es un reto importante.
- No todos los estudios utilizan las mismas técnicas ni detectan los mismos tamaños.
- Encontrar una partícula no equivale a demostrar causalidad o daño.
- El tamaño es crucial: las partículas más pequeñas pueden comportarse de manera distinta.
- EFSA está preparando una evaluación científica más amplia sobre microplásticos en alimentos, agua y aire, prevista para finales de 2027.
¿Cómo podrían llegar los microplásticos al cuerpo?
Las dos vías principales que se investigan son ingestión e inhalación. La ingestión puede producirse a través de alimentos y bebidas. EFSA recoge detecciones de microplásticos en distintas categorías alimentarias y en agua potable. La inhalación es otra posibilidad porque se han medido fibras y partículas en aire interior y exterior. El polvo doméstico puede incluir fragmentos y fibras procedentes de textiles, materiales y desgaste.
Una vez que una partícula entra en el aparato digestivo o respiratorio, la siguiente pregunta es si permanece allí, se elimina o atraviesa barreras biológicas. Esa respuesta depende, entre otras cosas, del tamaño.
Por qué el tamaño es tan importante
Un fragmento de varios milímetros no se comporta igual que una partícula de unas pocas micras. Las partículas grandes tienen más dificultades para atravesar determinadas barreras biológicas. Las más pequeñas son objeto de especial interés porque podrían interactuar de otra forma con células y tejidos.
Los nanoplásticos añaden aún más complejidad. EFSA utiliza actualmente como referencia divulgativa nanoplásticos de entre 1 y 1.000 nanómetros y reconoce que los datos sobre ellos son especialmente escasos. Esto significa que la ciencia puede saber más sobre las partículas que puede medir bien y menos sobre algunas de las más pequeñas.

¿Qué se ha encontrado en sangre?
Algunos trabajos han comunicado la detección de polímeros plásticos en muestras de sangre humana. Este tipo de investigación es importante porque plantea la posibilidad de que determinadas partículas o componentes alcancen la circulación. Pero hay que interpretar el resultado con cautela.
La sangre es una matriz compleja, las concentraciones son pequeñas y la contaminación externa debe controlarse cuidadosamente. Además, un estudio con un número limitado de participantes no permite saber cuál es la situación de toda una población. La detección tampoco explica por sí sola cuánto tiempo permanecen las partículas, de dónde proceden o si producen un efecto.
¿Y en los pulmones?
También se han comunicado partículas y fibras en tejido pulmonar. La inhalación es una vía plausible porque respiramos partículas suspendidas en el aire, especialmente las de tamaño suficientemente pequeño. Sin embargo, los pulmones disponen de mecanismos de eliminación, como el transporte mucociliar y la acción de células inmunitarias.
La presencia de una partícula en tejido puede ofrecer información sobre exposición, pero evaluar sus consecuencias requiere estudiar tamaño, concentración, duración y respuesta biológica.
Placenta y otros tejidos
La detección de partículas en placenta recibió una gran atención mediática porque la placenta actúa como una interfaz biológica crítica durante el embarazo. También se han publicado estudios en otras muestras y tejidos. Aquí es especialmente importante evitar conclusiones precipitadas. La identificación de partículas en una muestra no demuestra que hayan afectado al embarazo ni que exista una consecuencia clínica.
Estos estudios son útiles porque ayudan a formular nuevas preguntas: ¿qué tamaños pueden alcanzar determinados tejidos?, ¿qué rutas siguen?, ¿cuánto tiempo permanecen?, ¿existen diferencias entre individuos?
Heces: una información diferente
Encontrar microplásticos en heces tiene una interpretación distinta. En este caso demuestra que una parte de las partículas ingeridas atraviesa el tracto digestivo y se elimina. Eso es precisamente un ejemplo de por qué ingestión y absorción no deben confundirse.
Una partícula que aparece en heces ha estado en el sistema digestivo, pero no necesariamente ha atravesado la barrera intestinal.

El gran reto: evitar la contaminación de las muestras
Los microplásticos están presentes en ropa, aire y materiales de laboratorio. Por eso un estudio puede contaminarse si no utiliza protocolos muy estrictos. Los investigadores emplean blancos de laboratorio, materiales controlados y otras medidas para saber si una partícula estaba realmente en la muestra.
Esta cuestión es especialmente importante cuando las concentraciones son pequeñas. Un resultado es mucho más convincente cuando el estudio describe con detalle cómo evitó la contaminación y confirma químicamente los polímeros encontrados.
¿Cómo se sabe que una partícula es plástico?
No basta con observar algo que parece una fibra. Técnicas como FTIR y Raman permiten analizar la composición molecular y compararla con espectros conocidos de polímeros. Para partículas muy pequeñas pueden necesitarse otras aproximaciones analíticas. Cada técnica tiene límites de tamaño y sensibilidad. Por eso dos estudios realizados con instrumentos distintos pueden obtener resultados diferentes.
Detectar no es demostrar daño
Este principio merece repetirse porque es la fuente de muchas confusiones.
- Una detección responde a la pregunta: “¿hay una partícula identificable en esta muestra?”
Una evaluación de riesgo necesita mucho más:
- concentración;
- tamaño y forma;
- composición;
- duración de la exposición;
- capacidad de atravesar barreras;
- mecanismos biológicos;
- evidencia de efectos adversos;
relación entre dosis y efecto. Sin esta información no podemos convertir una detección en una conclusión clínica.
¿Qué está investigando la ciencia?
Las principales preguntas incluyen:
- qué fracción de partículas ingeridas o inhaladas puede absorberse;
- qué tamaños son más relevantes;
- cuánto tiempo permanecen en el organismo;
- cómo se distribuyen y eliminan;
- si determinados polímeros o aditivos son más relevantes que otros;
- qué efectos se producen a concentraciones realistas;
qué papel tienen los nanoplásticos. Resolverlas requiere estudios más grandes, métodos armonizados y mejores técnicas analíticas.
¿Qué dice EFSA en 2026?
EFSA reconoce que la información sobre exposición y potenciales efectos de micro y nanoplásticos sigue siendo limitada. El Parlamento Europeo le ha pedido una nueva opinión científica que cubrirá alimentos, agua y aire. El trabajo está previsto para finales de 2027.
La evaluación revisará cómo entran estas partículas en el organismo, cómo interactúan con él y cómo deberían evaluarse los riesgos. Esto es relevante porque ayudará a pasar de una colección de detecciones individuales a una interpretación más integrada de la exposición.
¿Deberíamos intentar evitar toda exposición?
No es realista. Los microplásticos están presentes en múltiples entornos y proceden de muchas fuentes.
Sí tiene sentido reducir emisiones evitables: utilizar productos durante más tiempo, gestionar bien los residuos, reducir desgaste innecesario y apoyar medidas industriales y regulatorias.
Pero convertir la vida cotidiana en una búsqueda constante de “cero plástico” no está respaldado por una evaluación de riesgo suficientemente precisa.
Cómo leer una noticia sobre “plástico en el cuerpo”
Pregunte:
¿Qué muestra humana se analizó?
¿Cuántas personas participaron?
¿Qué tamaño mínimo podía detectar el método?
¿Cómo se evitó la contaminación?
¿Se confirmó químicamente el polímero?
¿El estudio mide presencia o efectos?
¿Existe grupo de comparación?
¿El titular afirma causalidad donde el estudio solo informa de detección?
Estas preguntas cambian radicalmente la calidad de la interpretación.
Preguntas frecuentes
¿Tenemos todos microplásticos en la sangre?
No existe una base suficiente para afirmar que todas las personas tengan una concentración determinada. Se han publicado detecciones en grupos estudiados.
¿Pueden llegar a órganos?
Algunas investigaciones han comunicado partículas en diferentes tejidos, pero distribución, permanencia y relevancia sanitaria siguen en estudio.
¿Los nanoplásticos son más peligrosos?
Su menor tamaño puede cambiar su comportamiento biológico, pero los datos son todavía limitados y no permiten una conclusión simple aplicable a todos los nanoplásticos.
¿Si se detectan en placenta afectan al bebé?
Una detección no demuestra un efecto clínico. Son preguntas diferentes.
¿Se pueden eliminar del cuerpo?
El organismo dispone de mecanismos de eliminación, pero el comportamiento depende del tamaño y otras propiedades. No existe un “detox” validado para eliminar microplásticos.

Conclusión
La investigación sobre microplásticos en el cuerpo humano ha pasado de preguntar si existe exposición a estudiar dónde pueden encontrarse las partículas y qué ocurre después. Los hallazgos son científicamente relevantes, pero todavía no permiten convertir cada detección en una enfermedad o un riesgo cuantificado.
La siguiente etapa necesita métodos más comparables, estudios mayores y una conexión mucho más clara entre exposición, dosis y efectos.
Fuentes y referencias
EFSA — Microplastics and nanoplastics in food
https://www.efsa.europa.eu/en/topics/microplastics-and-nanoplastics-food
OMS — Microplastics in drinking-water
https://www.who.int/publications/i/item/9789241516198
Comisión Europea — Microplastics
https://environment.ec.europa.eu/topics/plastics/microplastics_en


