Cada vez que un vehículo circula, sus neumáticos se desgastan. Ese desgaste es necesario para mantener contacto con el asfalto, pero también genera partículas. Durante años, cuando se hablaba de microplásticos se pensaba sobre todo en bolsas, botellas o fibras textiles. Hoy sabemos que el desgaste de neumáticos es una fuente importante de partículas asociadas al tráfico y una de las razones por las que Europa está empezando a regular también emisiones “no procedentes del tubo de escape”.
En resumen
- La fricción entre neumático y carretera genera partículas de desgaste.
- Estas partículas contienen material del neumático y también pueden incorporar material de la carretera.
- Parte queda depositada cerca de la vía; otra puede desplazarse por aire o lluvia.
- Vehículos más pesados pueden aumentar el desgaste en determinadas condiciones.
- Euro 7 incorpora el desgaste de neumáticos dentro del marco regulatorio europeo.
- Reducir esta fuente requiere neumáticos más resistentes, conducción eficiente, menor peso y mejor gestión de la escorrentía urbana.
¿Qué es exactamente una partícula de desgaste de neumático?
Un neumático moderno no está hecho simplemente de “caucho”. Incluye elastómeros, cargas minerales, negro de carbono o sílice, aceites, agentes de vulcanización y otros componentes. Cuando el neumático rueda sobre el asfalto, la fricción y las fuerzas mecánicas arrancan pequeñas cantidades de material.
Muchas de las partículas generadas son una mezcla de material del neumático y de la carretera. Por eso la clasificación científica de estas partículas dentro del concepto de microplásticos puede requerir matices.
¿Por qué se desgasta un neumático?
El neumático necesita deformarse y adherirse al firme para acelerar, frenar y girar. Ese contacto produce desgaste.
La velocidad de pérdida depende de múltiples factores:
- composición del neumático;
- peso del vehículo;
- presión de inflado;
- aceleraciones y frenadas;
- velocidad;
- alineación;
- temperatura;
- superficie de la carretera;
estilo de conducción. Por eso no existe una única cifra de emisiones por kilómetro aplicable a cualquier vehículo.

¿A dónde van las partículas?
Una parte queda depositada en la carretera y sus proximidades. Cuando llueve, la escorrentía puede arrastrarlas hacia alcantarillado, cunetas, ríos o sistemas de tratamiento. Otra parte puede quedar en suelo cercano. Las fracciones más pequeñas pueden contribuir al material particulado en aire.
El destino depende de tamaño, meteorología y diseño urbano. Esto convierte la contaminación por neumáticos en un problema que conecta movilidad, aire, agua y suelo.
¿Llegan todas al mar?
No. Esta es una simplificación frecuente. Una parte de las partículas puede quedar retenida en sedimentos, sistemas de drenaje, depuradoras o suelo. Otra puede seguir avanzando por redes fluviales. La proporción que llega finalmente al mar varía mucho según el territorio. Por eso las estimaciones globales deben manejarse con cautela.
¿Los coches eléctricos eliminan este problema?
No. Un vehículo eléctrico no emite gases del tubo de escape durante el uso, pero sigue utilizando neumáticos. Además, las baterías pueden aumentar el peso del vehículo. El efecto final sobre desgaste depende del peso, potencia, gestión del par, neumáticos utilizados y estilo de conducción.
La frenada regenerativa puede reducir desgaste de frenos, pero no elimina el desgaste de neumáticos. Por eso las políticas de emisiones urbanas están empezando a mirar más allá del escape.
Euro 7: por qué es importante
El Reglamento Euro 7 introduce por primera vez en el marco europeo requisitos relacionados con emisiones no procedentes del tubo de escape, incluidos frenos y abrasión de neumáticos. La normativa prevé establecer límites de abrasión para diferentes tipos de neumáticos y coordinar los métodos con los trabajos del WP.29 de Naciones Unidas.
Esto supone un cambio relevante: la contaminación asociada al vehículo ya no se evalúa únicamente a través del motor.
El objetivo es que en los próximos años la durabilidad frente a abrasión forme parte de la regulación.

¿Más duradero significa siempre mejor?
Reducir desgaste es positivo desde el punto de vista de emisiones de partículas, pero un neumático debe equilibrar varios requisitos. Necesita adherencia en seco y mojado, resistencia, eficiencia energética, comportamiento a diferentes temperaturas y seguridad.
Un material extremadamente duro podría desgastarse menos y ofrecer peores prestaciones en otros aspectos. Por eso la regulación debe trabajar con métodos normalizados y límites que mantengan el equilibrio entre seguridad y durabilidad.
¿El peso del vehículo importa?
Sí, puede ser un factor importante. Más peso aumenta las fuerzas que soportan los neumáticos, aunque el desgaste final depende también de diseño, presión, potencia y conducción. Esto tiene implicaciones no solo para coches eléctricos, sino también para SUV y vehículos grandes de cualquier tecnología.
Reducir peso innecesario puede contribuir a disminuir desgaste, consumo energético y otras externalidades.
¿Influye la presión?
Una presión incorrecta puede aumentar desgaste irregular y reducir eficiencia. Mantener la presión recomendada por el fabricante es una de las medidas más sencillas para alargar la vida del neumático. También mejora seguridad y puede reducir consumo. Es un ejemplo de una medida que tiene beneficios más allá de los microplásticos.
¿Qué puede hacer una ciudad?
La solución no depende solo del conductor. El diseño del drenaje urbano puede ayudar a interceptar partículas antes de que alcancen cursos de agua. La limpieza viaria y sistemas de tratamiento de escorrentía pueden desempeñar un papel.
También importan las políticas de movilidad: menos kilómetros recorridos en vehículos pesados significa menos desgaste total.
Transporte público, caminar y bicicleta reducen distintas emisiones asociadas al tráfico.
¿Y los fabricantes?
Tienen un papel central. Desarrollar compuestos más resistentes y neumáticos optimizados para distintos tipos de vehículo puede reducir abrasión. La dificultad es mantener seguridad, agarre y eficiencia. Los futuros límites europeos pueden acelerar esta innovación al convertir la abrasión en un parámetro regulado.
Cómo se mide el desgaste
Medir abrasión de neumáticos no es trivial. Puede hacerse mediante pérdida de masa, pruebas controladas, ensayos en carretera u otros métodos. Las condiciones deben ser comparables porque carretera, temperatura, velocidad y vehículo cambian mucho el resultado. Por eso Euro 7 se apoya en el desarrollo de procedimientos armonizados.
Sin un método común, comparar marcas o modelos sería poco fiable.
¿Qué puede hacer un conductor?
Medidas razonables:
- mantener presión correcta;
- revisar alineación;
- evitar aceleraciones y frenadas bruscas innecesarias;
- elegir neumáticos adecuados al vehículo;
- sustituirlos cuando corresponda, no antes ni después;
- reducir peso innecesario;
- conducir de forma suave;
caminar, pedalear o usar transporte público cuando sea viable. Ninguna elimina el desgaste, pero varias lo reducen.
Preguntas frecuentes
¿Las partículas de neumáticos son microplásticos?
Muchos estudios las incluyen dentro de emisiones de microplásticos o partículas poliméricas, aunque su composición mixta requiere definiciones cuidadosas.
¿Los eléctricos generan más?
No existe una regla universal. El peso puede aumentar desgaste, pero diseño, neumático y conducción influyen mucho.
¿Son una fuente importante?
Sí, las instituciones europeas las consideran una fuente relevante de emisiones no intencionadas.
¿Se pueden instalar filtros en coches?
Existen tecnologías experimentales de captura, pero todavía no son una solución general.
¿Europa las regulará?
Euro 7 establece el marco para incorporar límites de abrasión y métodos armonizados.
El papel de la escorrentía urbana
Una parte importante de las partículas de neumático queda inicialmente sobre la calzada. Eso convierte la lluvia en un elemento clave. Cuando llueve, el agua arrastra polvo, restos de freno, partículas de neumático y otros contaminantes hacia sumideros. Dependiendo de la ciudad, esa escorrentía puede ir a una depuradora, a sistemas de retención o directamente a cursos de agua. Por eso reducir emisiones de neumáticos no es únicamente un problema de fabricar mejores ruedas. También es un problema de infraestructura urbana.
Sistemas de drenaje con sedimentación, filtros, zonas vegetadas y mantenimiento adecuado pueden capturar parte de los sólidos antes de que lleguen a ríos. Este enfoque es especialmente interesante porque actúa sobre varias formas de contaminación al mismo tiempo. También muestra por qué una estimación de “partículas que llegan al océano” no puede calcularse simplemente multiplicando desgaste por kilómetros. Entre la rueda y el mar existen muchas etapas de retención, transporte y depósito.

Conclusión
El desgaste de neumáticos cambia nuestra imagen de la contaminación plástica. No siempre vemos una botella o una bolsa. Parte de la contaminación se genera lentamente, kilómetro a kilómetro, durante actividades cotidianas. La solución requiere combinar neumáticos mejor diseñados, vehículos más eficientes, mantenimiento correcto, conducción menos agresiva y ciudades capaces de gestionar mejor las partículas que quedan en la calzada.
Fuentes y referencias
EUR-Lex — Reglamento (UE) 2024/1257, Euro 7
https://eur-lex.europa.eu/eli/reg/2024/1257/oj
Comisión Europea — Microplastics
https://environment.ec.europa.eu/topics/plastics/microplastics_en
Agencia Europea de Medio Ambiente — Transport and environment
https://www.eea.europa.eu/en/topics/in-depth/transport-and-mobility


